Muchas veces sentimos tremendas ganas de escribir y, sin embargo, no nos ponemos a ello. Y si al final acabamos delante del ordenador con la idea de escribir algo, no sabemos cómo empezar o cómo ir hilando frases. Salen párrafos incoherentes e inconexos que no sabes muy bien cómo has logrado escribir.
Hay otras veces que, en tus pensamientos, salen unas frases magníficas y luego, a la hora de plasmarlas en papel, esas frases pierdan la fuerza y la majestuosidad que en tu cabeza sí tenían.
Sin embargo, los buenos propósitos siempre están ahí. Esos nunca faltan. Y en mis buenos propósitos se encuentran una serie de relatos cortos, de temas diversos, como un relato victoriano, otro steampunk, y otro sobre vivencias propias. Los dos primeros son temas de los que soy una gran apasionada, pero que no hace mucho que empecé a interesarme. Y, seguramente, acabaré escribiendo varias entradas en el blog para explicarlo un poco mejor.
Otro de mis propósitos es escribir una especie de novela cuya protagonista es una mujer que tiene muchísimo de mí, en un mundo de fantasía. Debo decir que no me gustan demasiado las novelas de este tipo, pero era el único género en el que el personaje que quería crear tenía cabida. Quizá en el futuro pueda adelantar un poco, pero de momento habrá que esperar.
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